Estoy sentado al borde de una cama de matrimonio. Sólo hay blanco a mi alrededor. Veo a lo lejos acercarse al señor orondo y calvo en bikini, dando saltitos, como pequeños pasos de baile. Mantiene una sonrisa forzada en los labios que distingo a medida que se acerca, el mentón levantado, las gafas redonditas, las perlas en los lóbulos, los collares, la dentadura postiza. Veo brillar su calva lustrosa. Cuando llega a mi lado, se sienta y sin mediar palabra, saca de su bolsa de plástico azul una Gameboy y echa una partida de Tetris. Le miro preocupado mientras todo lo que se escucha es la música metálica del juego. Él me sonríe, apaga la maquinita y la guarda en la bolsa. Luego me palmea la rodilla y me dice "Lo siento mucho; es mi trabajo".
Luego se levanta con esfuerzo y vuelve a alejarse por donde vino, con los mismos andares, pero con aflicción sobre sus espaldas.
3 notas al pie de página:
Esos tripis van a acabar con lo poco que le queda de neuronas, Maese Martin.
Martín, hacía tiempo qu no me paseaba por aquí, y como siempre que entro y te leo no puedo evitar salir de tu blog con una enorme sonrisa.
Eres genial, gracias
La maga
(¿Dónde anda, Maese Martin? Yo me sigo asomando acá de vez en cuando, con la esperanza de).
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