A la orilla del mar hay una señora calva en bikini. Es una señora calva y oronda que en realidad no es una señora, porque si le quitas los pendientes de perlas, el reloj de oro y los anillos brillantes, y cubres el bañador con chaqueta y corbata, es un oficinista o un funcionario a las puertas de la jubilación. Se mueve muy despacio por la orilla y si se adentra en el mar, que nunca le cubre más allá de la cintura abultada. Va acompañado de un hombre de piel muy blanca y bigote que bucea con su esnórkel en el rebalaje, tampoco se aleja mucho del lugar donde hace pie. El señor en bikini lleva una bolsa de plástico azul y cangrejeras que deja muy ordenadas sobre unas piedras, mira con cariño a su familiar, amigo, pareja, acompañante, vaya usted a saber, y luego vuelve a adentrarse lentamente por el mar tranquilo. Cuando emerge la pareja de nuevo, recogen sus bártulos, las cangrejeras, la bolsita azul, el esnórkel, y se alejan despacio por la orilla, antes de que suba la ola sorpresa del Melillero.
5 notas al pie de página:
Vaya mierda de cierre total!
qué poco coherente eres, chaval!
No lo machaques, hombre. Lo importante es que ha vuelto a coger el bolígrafo, aunque sea para escribir esta mierda.
Buenas tardes a las cosas de aqui abajo, Sr. Wittford.
Gracias por esta impagable postal orillera.
Oh, pero permítame que me presente: soy Claudio, amigo de María Hdez. Martí.
Espero un segundo capítulo de esta historia.
Saludos respetuosos desde Tenerife.
Los amigos de la bruja Mariache son siempre bienvenidos.
Pásese por aquí siempre que quiera. Se aceptan donativos.
Le sugiero que se cepille Usted (en el buen sentido) el traje, para sacudirse a los dos angelitos esos. Con sus castas (las de ellos).
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