martes, 2 de octubre de 2012

La cantante del César Salad (2)

Llovía a cántaros y llegué calado hasta las semillas a la escena del crimen, una lujosa villa en la playa propiedad del famoso magnate en la zona más exclusiva de la ciudad. Mostré con disimulo mi placa caducada al agente, después de atravesar la multitud de tubérculos curiosos que se agolpaban tras el cordón policial. El agente me guió hasta las habitaciones en las que los restos vegetales de Appie se encontraban en un estado irreconocible, hecho un auténtico puré de verduras.
-Maldita sea, Calabacino -dije a mi insípido ayudante, que se me aproximaba comiendo un bocadillo- hay restos de apio por toda la habitación. Menuda escabechina.
-Sospechamos que ha sido un asesinato, jefe. Creemos que el arma homicida es una minipímer, por las salpicaduras, ¿ve? -Calabacino señaló la pared con su bocadillo, mientras seguía hablando con la boca llena-. Hemos mandado los restos de clorofila al laboratorio para que nos confirmen la identidad del apio.
-Esperaremos los resultados pues. Date una vuelta por el vecindario a ver si alguna cucurbita con insomnio ha visto algo.
Las alcachofas de la policía científica sacaban fotos y recogían pruebas con pinzas y bastoncillos de los oídos. El flash me deslumbró en seis ocasiones. Mi vista no estaba acostumbrada a esa intensidad lumínica. Me coloqué unos guantes de coger la fruta en las grandes superficies y también las gafas de cerca y di una vuelta rápida por el habitáculo en busca de algún indicio, mientras pergeñaba la manera de darle la noticia a Patty. Miré las fotos en las paredes: Appie con la alcalde Coliflower de la Tower, con el famoso futbolista Cristiano Ruibarbo, con la actriz Puerrito Cruz... las verduras más selectas de los huertos más refinados del país habían tratado con Appie. Pasé al buró, y cotilleé en los cajones. Nada reseñable, facturas, cartas comerciales, y un ejemplar de PlayLegume en el que ojeé el póster central de una despampanante lechuga que enseñaba todo debajo de sus hojas, una delicia para cualquier vegetariano. Se me acercó el bueno del sargento Pimiento y me guardé rápidamente la revista bajo la gabardina para darle uso más tarde.
-¿Qué opinas, Cúcumber?
-Este asunto no me gusta ni un pimiento, Píper - dije, torciendo el gesto -Pero no quiero sacar conclusiones precipitadas. Es hora de hacer una visita al César Salad y hacer unas preguntas a la umbelífera de Patty Carrot.

5 comentarios:

Pasapuretor dijo...

El uso del pasapuré habría implicado ensañamiento.
Minipímer, tanta frialdad...

Anónimo dijo...

Guarnición Noir

El auténtico dijo...

Estoy lejos de ser vegetariano, pero me gusta esa verdurita fresca de Patty Carrot

Don Peperomio dijo...

Esa verdurita es fresca y ligera de tubérculos, Auténtico.

Microalgo dijo...

Casi oigo el solo de saxo, de fondo.